¿Y cuando llegan las confusiones?
Cuando las palabras dicen cosas diferentes para cada persona, porque dependen en muchos casos del contexto y eso mismo determina nuestras conclusiones. Entonces, es preciso conocer lo que se dice en otros contextos para poder establecer la mayor cantidad de interpretaciones posibles ante un texto. Para evitar cualquier confusión es preciso saber qué significa lo que decimos para nosotros, pero también qué podría significar para los demás, si no deseamos aclarar nuestras determinaciones particulares, algo que en muchos casos es dejado de lado.
Una forma en que podemos hacerlo es familiarizándonos con formas de expresión diferentes a las nuestras. En esto hay complicaciones. Primero que nada porque siempre nuestras determinaciones iniciales estarán moldeadas por nuestra experiencia, de tal modo que dichas determinaciones iniciales son nuestra herramienta principal al tratar de comprender una formas de pensar diversas, cada forma de pensar está determinada por un grupo de experiencias que ignoramos en las terceras personas. Una equivocación sería el buscar una confrontación en términos de verdad, pues eso es algo construido a partir de bases heterogeneas y hasta la fecha no sea demostrado que una verdad determinada por un grupo de experiencias y métodos específicos pueda tener valor idéntico en otra forma de pensar, sobre todos si las experiencias y los métodos no son los mismos. Pues las formas de pensar, el pensamiento, constituye una interpretación del mundo en que se encuentra el sujeto y aunque materialmente el mundo sea el mismo para todos, desde el sujeto(la subjetividad) no hay ningún tipo de garantía que haga válido algo para todos. Y como no es válido para todos, tampoco lo es verdadero en el mismo grado.
Las palabras, el lenguaje, es lo que nos permite comunicarnos. Y una palabra no es otra cosa que la diferenciación de un fenómeno de los otros. Las palabras no son el mundo, pero son el medio humano para comunicar nuestra ideas sobre el mundo. Para conseguir comunicarnos evitando el malentendido es preciso que conozcamos los significados de las palabras que utilizamos, pues se sabe que una palabra tiene un solo sentido en un contexto dado, lo cual nos ayuda a diferenciar correctamente nuestra idea particular de otras diversas.
Las palabras y sus contenidos tienen cierto tipo de cargas de sentido, evocan algo específico para cada individuo. Como nosotros somos un individuo es preciso que evoquemos lo específicamente necesario si queremos comunicarnos, en cuestiones dedicadas a la expresión artística o donde el estilo es el sentido de nuestras palabras se trata de algo diferente.
Lo que menciono anteriormente de forma poco organizada evidentemente no deja claras las nociones que deseo evocar, primero que nada por que éste texto no es un trabajo, es simplemente una escritura espontánea, de ahí que haya muchos términos mal utilizados y que técnicamente encontremos contradicciones. Sin embargo, aún con eso, algo se dice y nada impide que una mente con determinaciones diferentes a las mías pueda articular las palabras en una forma coherente en el plano subjetivo, tampoco nada impide que se demuestren todos los malos usos del lenguaje o que se pueda plantear una confusión horrible de términos. En todo caso, eso es lo que puede ocurrir con cualquier texto si el que escribe no es responsable de brindar un sentido preciso a sus palabras o si desea crear confusión.
Mi propuesta es que como individuos seamos responsables de mandar hacia el frente el sentido verdadero de nuestras determinaciones, sean como discurso o como expresión individual, cosa muy fácil, pero que no se presenta ya sea por falta de interés, falta de capacidad o por no reconocer el problema como tal. De hecho, el reconocer un problema puede ser síntoma de que ya uno lo ha creado y eso se evita mucho, crear problemas. Sin embargo, no van a dejar de afectarnos los malos entendidos si no nos preocupamos un poco por ser claros y si no somos capaces de olvidarnos un poco de transmitir experiencias bajo formatos de oscura procedencia. Oscura en el sentido opuesto a la claridad, claro.
Nadie va a preocuparse por nuestros problemas de comunicación, sobre todo las personas que se benefician de que las personas no puedan comunicarse, por eso son así las clases de español y por eso las cuestiones nacionalistas.
En conclusión, en tiempos de confusión de ideas y en los que el valor de las mismas se tiene como mayormente relativo, es preciso tener bien presente que se sale de la confusión trasmitiendo ideas precisas, con sentidos precisos, con claridad. Con esto se consigue la identificación de los problemas comunes y una vez inventados éstos, vienen las soluciones. Es una idea.